Beneficios de la osteopatia en la espalda y el cuello

No hay zona corporal que más atención solicite de los osteópatas que la espalda, desde el cuello a los lumbares, sin olvidar los hombros y haciendo hincapié en la columna. También es cierto que es la zona preferida para los aficionados, los voluntariosos y para las parejas de enamorados. Todos quieren y se creen capacitados para empujar, presionar, golpear y hasta retorcer tan sufrida parte corporal. Y es que sobre la espalda nos echamos los problemas, nos cargamos los pesos y hasta aguantamos los latigazos que nos da el destino. Todo esto año tras año hasta que un día se empieza a quejar y es posible que los dolores ya no nos abandonen nunca.

Es posible que el problema principal de la espalda sea que ni la vemos ni la podemos tocar con facilidad. Hasta para lavarnos necesitamos una mano cariñosa o en su defecto un largo cepillo, y no digamos para rascarnos, que ése es otro problema bastante serio. Como consuelo es bien sabido que la mayoría de los animales tienen el mismo problema y que esta dificultad es una excusa para que una mano amable nos dé un masaje placentero.

Pero a pesar de todo es una zona corporal que aguanta estoicamente fuertes golpes, es muy poco sensible al frío o al calor, tiene una fortaleza tal que aguanta sin problemas todo el peso de la parte superior, incluida la cabeza con su gran movilidad, nos mantiene en equilibrio, protege a zonas tan delicadas como la médula espinal y es capaz de recuperarse totalmente con una buena sesión de osteopatía. En resumen, no hay comparación posible. Para el masajista es interesante recordarle que su manipulación admite toda clase de tratamientos: masaje, palmoteo, percusión, vibración, golpeteo, etc. Pero el profesional de esta disciplina, la osteopatía, sin duda ya sabrá elegir el mejor método para cada tratamiento específico.

El masaje osteopático en el cuello

Aunque suele ser una zona que duele con frecuencia (“me duelen las cervicales”, dicen), el origen del mal casi nunca está centrado allí. Las vértebras cervicales y los músculos que sujetan al cuello, como son el trapecio o el esternocleidomastoideo, duelen cuando otra zona corporal está afectada o en franco desequilibrio. Por ejemplo: las vértebras cervicales duelen cuando el músculo trapecio está rígido en uno o ambos lados, ocasionando una irritación de los nervios de esa zona que da lugar a confusión, ya que parece que son las vértebras las que duelen.

Otro caso parecido se da al conducir un automóvil largo tiempo, con el cuello ligeramente echado hacia atrás durante muchas horas o cuando tenemos una profesión que nos obliga a mantener la cabeza agachada, bien sea porque escribimos en un teclado o porque tenemos una labor mecánica. En ambas circunstancias obligamos a los músculos que sujetan el cuello a permanecer en tensión durante horas. Tampoco debemos olvidar que la posición de sentado, en una silla tradicional, descarga todo el peso del tronco en las últimas vértebras de la espalda y que ese esfuerzo se transmite al cuello, inconveniente que se evitaría si utilizásemos una silla que nos permita mantener la cadera más alta que la rodilla. Con ello desplazaríamos el peso hacia los muslos, bastante más capacitados para un trabajo rudo.

Siguiendo con los trabajos que torturan el cuello nos encontramos con los aficionados al footing y los conductores, los cuales a base de un golpeteo continuo, unos en los pies y otros en los glúteos, machacan las cervicales por un simple efecto de percusión. En ambos casos la energía generada en cada golpe se transmite íntegra a la cabeza, donde es absorbida, puesto que no hay otro lugar para expulsarla.

Resumiendo y para simplificar el diagnóstico, antes de ponernos a manipular con entusiasmo las delicadas vértebras cervicales y a tocar los músculos del cuello, hay que averiguar la profesión, afición o deporte del enfermo para tratar de corregir el origen. De nada vale tener una buena sesión de osteopatía en el cuello a una persona tímida o miedosa, puesto que nada más salir de la consulta tratará de ocultar sus complejos bajando la cabeza y mirando de reojo a la gente. Este último caso es muy frecuente en adolescentes y…, asómbrense, en delincuentes.